De repente, le agarró un deseo ansioso de que lloviese. No sabía por qué. Ni quería detenerse a pensarlo. Estaba abstraída en su propio mundo, pero dentro de tanta calma algo en su cabeza retumbaba. Negro. Desorden dentro del orden. Ruido dentro del silencio. Cerró los ojos pintados de rosa, frunció los labios teñidos de rojo, y luego en un gesto desesperado se agarró la frente fría y blanca. Una gota, plic, otra gota, plac. Plic, plac, plic, plac, pli, pla, pli, pla, pi, p, p, p...Sus ojos se cerraron y la lluvia se llevó sus pensamientos. Blanco.