Mirás al escenario, los violines se mueven como si estuvieran sostenidos por miles de hilos, la mano del pianista que se mueve freneticamente, la melodia que te hace ladear la cabeza, el de al lado que se esta babeando de sueño, las señoras con sus tapaditos de piel.
La musica puede no haberte gustado, pero indiscutiblemente el ambiente es hermoso.
Al salir estas otra vez en la avenida, tu mundo normal; ahora no son los violines ni las manos del pianista los que se mueven, sino las miles de luces, las piernas de la gente, los autos; las melodias que se escuchan son solamente alarmas de autos y la cumbia altisima del auto de al lado. En tu mundo normal es así.
Y bueno.